jueves, 28 de abril de 2011

"han pensado en lo antisistemico de la lucha por la tierra?" - PARTE 1

INTRODUCCION

Supongamos una conversación, un 'diálogo irreverente' que ahora están tan de moda.

Para hacerlo debemos suponer que el Herman tiene un teléfono, no lo sabemos pero supongamos, un teléfono viejo como esos que venían de entel color celestito o verde, esos que tenían disco de marcado a los que había que hacer girar tantas veces como números tuviese el teléfono de la persona a la que queríamos llamar. Supongamos, entonces, que en la casa del Herman suena ese teléfono, una llamada que nadie atenderá porque el Herman y su compañero -no sabemos su nombre, pongamosle el Gringo- se fueron a nadar. Un teléfono suena en una casa de El Salvador.

El teléfono suena incansablemente durante las dos horas que dura la jornada acuática del Herman y el Grigo. Ni bien se peguen la vuelta y estén haciendo el ingreso por los angostos pasillos gris cemento de comunidad donde viven, una niñita salvadoreña sale corriendo y se arroja a los brazos del Herman o del Gringo que para el caso es lo mismo y otro, de no más de tres años, esos nenitos simpáticos que a penas nacen ya se las saben todas, sin ocultar una cierta molestia le dice al Flaco (al Herman) que el teléfono estuvo sonando toda la tarde. El Gringo se apresura y se dirige por el largo pasillo hasta la casa, a lo lejos se ven las plantas verdes que el Herman con paciencia de horticultor se ha dedicado a cuidar en los últimos meses. El Gringo ya corre, escucha el teléfono sonar incansablemente. No sabemos por qué corre, al Herman parece no importarle, juega con cuatro o cinco nenitos -ay! ese niño eterno, Herman querido cuanto se te extraña!-. Suponemos -supongamos- que el Gringo corre porque espera una llamada de su familia que vive en algún lugar del Imperio del Norte.

Llega el Gringo a la casa, y sin más -acá podríamos dedicar largos párrafos a describir una casa que no conocemos aunque esperamos, en algún momento, tal vez cercano, llegar a conocer- junto al altar dedicado a San Romero, mártir salvadoreño de los derechos humanos, levanta el tubo.

-¿Con el Sr. Francisco?
-No está disponible él en este momento -responde el Gringo rubión.
-¿Sabe en qué momento podría encontrarlo? -pregunta la voz suave de la mujer que habla del otro lado de la línea, una voz de esas que cuando uno la escucha sabe, está completamente seguro que la dueña de esa voz está, sin más, buenísima. El gringo lo sabe por eso aún no colgó y todavía habla. Suponemos, sabemos, que el Gringo playboy y cabrón ya hubiese cortado si la persona del otro lado fuera un hombre.
-¿Quién habla? -Pregunta, no porque quiera ser descortés con la hermosa señorita, sino por qué sabe los problemas que el Herman tiene con migraciones y no quiere ser el entregador ante una posible deportación que desde su regreso luego de la visita del Herman a la Argentina, lo tiene bastante intranquilo.
-Mi nombre es Silvina, la secretaría del agregado de la embajada Argentina en El Salvador.

Listo, cagó el Herman, lo deportan, lo van a deportar (Piensa el Gringo y pensamos testigos-lectores de esa conversación) necesariamente lo van a deportar, se lo merece, eso le pasa por creer que la burocracia del Estado es una estupidez, que no sirve para nada. Ay Herman! si hubieras leído el apunte de Webber cuando cursamos sociología!.

-No, no se encuentra y no creo que puedan encontrarlo. Responde estóico el Gringo.
-¿Sabe donde podría encontrarlo?
-No, lamento no poder ayudarla señorita, pero he perdido el contacto.
-¡Qué pena! -lamenta la dulce voz del otro lado del tubo- Se lo comunicaré a mi jefe. Disculpe la molestia Señor, tenga Usted buenas tardes.
-Ninguna molestia, señorita, buenas tardes para usted también...

El Gringo piensa. No duda que al Herman -quien ya se encuentra a pasos de entrar a la casita- lo buscan por algo nada bueno. No duda. Si tiene alguna duda es nada más por qué quisiera confirmar si la secretaria del agregado está buena o no. Se la imagina, petisita, flaquita, con buenos pechos. Fantasea con esa chica, como fantasea cualquier muchacho con el corazón roto. Ese es nuestro entrañable Gringo. El Gringo que corría para alcanzar un llamado de casa está ante una encrucijada. Sin pensarlo mucho, antes que la señorita corte, se atreve a preguntar...

-Disculpe señorita, ¿Le podré preguntar por qué lo busca? Quizás pueda ayudar a localizarlo.
-Bueno, lo estamos buscando por qué necesitamos que se presente en el Complejo Escalón La Montaña, aquí en la embajada, en Calle La Sierra para mantener un encuentro con la Presidente Cristina Fernández.
- ¡¡¡¿¿QUE??!!!
-Lo que ha escuchado señor. La Presidente de la República Argentina se encuentra en visita en El Salvador y quiere reunirse con él. -dice confiada, para sopresa de todos (del Gringo y de nosotros que leemos).

-Herman!!, Hey flaco!!!.
-¿Qué pasa? ¿Llaman de tu casa?, ¿Es tu ex? -pregunta el Herman mientras el Gringo lo mira con los ojos desorbitados, como cuando alguien quiere contar un chisme a un amigo entrañable y no espera la hora que llegue ese momento. Bueno, ahora el Gringo está en condiciones de hacerlo. Olvida que le había filtrado al Herman, que le había dicho que no estaba. Eso ya no importa.
-Tienes que atender este llamado Flaco.
-¿Para mí? Pero, ¿Quién es?. No será... Gringo hijo de p....
-Atiende Fran, atiende. -interrumpe el Gringo y literalmente se lo pone en la boca, el tubo, claro.


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