miércoles, 9 de marzo de 2011

Llego tarde a todos lados

Ya llegué tarde al día de la mujer, no quería dejar de llegar tarde al retorno del carnaval. ¿Vieron que fue feriado? Bueno, fue por carnaval. Aparentemente antes de los milicos era feriado pero después lo sacaron porque son ortivas y ahora Cristina que es una copada lo reestableció. Y no fue porque era 6-7-8 que era feriado. El pueblo debería tener mas tiempo de ocio, y este gobierno asi lo entiende (ya nos preparamos para el feriado largo del 24 de marzo). Lo que no sé si poniendo feriado a todos los días se pierde un poco el sentido de lo que se conmemora. Por ejemplo el 24 de marzo como es jueves también va a ser feriado el 25 -feriado puente le dicen-. La gente va a aprovechar para tomarse unos días, descansar -cosa que no está mal- . Al final se desdibuja el sentido de la fecha que debería ser un día para hacer memoria y participar de los actos.

Me fui por las ramas, lo que quería era compartir este cuento exquisito de Dolina con todos ustedes.

EL CORSO TRISTE DE LA CALLE CARACAS


Según una difundida leyenda, el Carnaval fue alguna vez una fiesta popular, con personas disfrazadas, música, baile, bromas y murgas. En verdad, cuesta creer semejante cosa. Como quiera que sea, la legendaria gesta ha muerto ya. Sin embargo, como silenciosas habitaciones vacías, han quedado ciertas fechas del almanaque a las que la terquedad general insiste en adjudicar la condición de carnavalesca. Esos días son utilizados no ya para festejar sino más bien para reflexionar y añorar la ausencia de la fiesta.
Se trata, según se ve, de un curioso destino: pasar del entusiasmo a la nostalgia, de la pasión a la meditación, de la alegría a la tristeza. Muchos espíritus taciturnos se solazan con este estado de cosas y afirman que la farra y el desenfreno de otras épocas fueron apenas un paso previo e inevitable, cuyo noble fin se cumple ahora, en el ejercicio del recuerdo.
Los Hombres Sensibles de Flores simpatizaban en cierto modo con este criterio. Para ellos el Carnaval no solamente servia para seducir señoritas en las milongas sino también para pensar en el paso del tiempo. Puede afirmarse sin caer en el infundio que esta ilustre manga de atorrantes jamás consiguió entender el sentido de los Carnavales.
Manuel Mandeb pensaba que las gentes se ponían contentas en virtud de algún suceso que todos conocían menos él. Sus amigos padecían un desconcierto de la misma clase.
Esto puede explicar la extraña conducta de los Hombres Sensibles en los corsos y en los bailes. Durante un rato hacían fuerza para sentirse alegres: bailaban, comían chorizos, se ponían caretas, hablaban con voz finita y mojaban a las damas con pomos de colores. Después comprendían que todo aquello era inútil y entonces se iban a otros bailes, discutían con los mozos, miraban las orquestas, evocaban antiguos Carnavales y cantaban el tango Siga el Corso. Ya en la madrugada maldecían el Carnaval, se estacionaban en las esquinas desoladas y se burlaban de los caminantes que volvían a sus casas.
Pero una tarde de verano Manuel Mandeb tuvo una inspiración genial. Se le ocurrió organizar todos los años el Corso Triste de la Calle Caracas.... (SEGUIR LEYENDO)


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