viernes, 3 de septiembre de 2010

Silencio por Sangre (tercera -y última- parte)

Amenazas y presiones


Una semana después de la confusa muerte de dudi [NdeB: así le decían a David Graiver], sus familiares más cercanos se reunieron en un edificio de la Quinta Avenida y la calle 720 de la Ciudad de Nueva York. Allí su padre, Juan; su hermano, Isidoro; su mujer, Lidia Elba, por sí misma y en representación de su hija [NdeB: Por estos días la apuesta de Clarín es intentar hacernos creer que la hija de Graiver sabía firmar boletos de compraventa con 2 años] María Sol, le otorgaron un poder general a Jorge Rubinstein, a quien nombraron apoderado para que realizara el juicio sucesorio.
Unos meses antes, el 24 de marzo de 1976, la junta de comandantes integrada por el teniente general Jorge Rafael Videla, el almirante Emilio Eduardo Massera y el brigadier Orlando Ramón Agosti, había derrocado a la presidenta constitucional, María Estela Martínez de Perón. Videla era presidente de facto.
El Estado era socio de Papel Prensa y los militares no querían tener ninguna relación con los Graiver, un grupo judío. Los empezaron a presionar para que vendieran sus acciones a Fapel, la empresa creada por Clarín, La Nación y La Razón, totalmente consustanciados con el proyecto político, económico y terrorista de los dictadores. En el horizonte se perfilaba una fecha clave: el 3 de noviembrede 1976, a mediodía, se realizaría una asamblea del directorio de Papel Prensa, donde debía ser aprobada la transferencia de las acciones Clase "A" de Coretti, Civita y Rey -los fundadores de la empresa- al Grupo Graiver -representado por Galería Da Vinci y uno de los socios del Grupo, Rafael Ianover-, que las había comprado entre fines de 1973 y principios de 1974. "El Estado no quería estar asociado, aunque fuese por un breve lapso, con el Grupo Graiver", señaló Pedro Jorge Martínez Segovia, hombre cercano al ministro de Economía de la dictadura, José Alfredo martínez de Hoz, y presidente de Papel Prensa.
La noche misma de la muerte de David Graiver, Lidia Papaleo y otros familiares del empresario comenzaron a recibir amenazas telefónicas. Los interlocutores se identificaban como miembros de Montoneros y les reclamaban el pago de 17 millones de dólares mas 130 mil dólares de intereses mensuales que, aseguraban, Dudi les venía pagando desde 1974. Más de tres décadas después, no se aha podido establecer si se trataba de auténticas llamadas de integrantes de Montoneros o si fue una maniobra de intimidación de la dictadura para envolver a los Graiver en un movimiento de pinzas para quedarse con sus bienes.
Paralelamente, seguían recibiendo presiones para que se desprendieran de las acciones de Papel Prensa antes de la asamblea del 3 de noviembre. A través del abogado de la familia, Miguel de Anchorena, el ex ministro de Bienestar Social de Lanusse, Francisco Manrique, le hizo llegar un mensaje a Lidia: "[La junta militar] vería con agrado la desaparición del conjunto empresario Graiver, para lo que sería necesario la venta de los paquetes accionarios del Banco Comercial de La Plata, del Banco de Hurlingham y del control accionario de Papel Prensa, estimando que los compradores lógicos eran los diarios La Nación, Clarín y La Razón".
El 16 de septiembre de 1976, la viuda de Graiver cometió un error del que se arrepentiría el resto de su vida: viajó a Argentina y pidió una audiencia con el dictador Jorge Rafael Videla, que se negó a recibirla.
En Buenos Aires, las presiones sobre la familia Graiver y sus socios se intensificaron. A mediados de octubre, Pedro Martinez Segovia invitó a Lidia Papaleo a tomar el té en el Plaza Hotel. Una vez allí, el acólito de Martínez de Hoz se despachó con una orden que, a la vez, era una amenaza: "Quiero que sepa que no puede vender Papel Prensa ni a judíos ni a extranjeros". Casi al mismo tiempo, Rafael Ianover también recibió una orden, en este caso de boca del presidente de Fapel, Manuel José Benito Campos Carlés. "Sin inmutarse [Campos Carlés] le dijo a Ianover que el secretario de Desarrollo Industrial, Raymundo Podestá, le ordenaba que no se presentara a la asamblea del 3 de noviembre en la que el Grupo Graiver podía concretar la transferencia accionaria, para que no se evidenciara la falta de quórum que impulsaba el Estado", relatan los periodistas Cintia Ottaviano y Juan Alonso. Preocupado por su seguridad, Ianover obedeció, pero no le sirvió de nada.
La jugada estaba clara: los militares, en representación del Estado, boicotearían la asamblea de Papel Prensa pero, para que no fuera evidente ante la opinión pública, obligan al vicepresidente de la empresa a hacer lo mismo. A mediados de octubre, los Graiver ya tenían la seguridad de que los dictadores jamás aprobarían la transferencia del paquete originario. La suerte estaba echada.
[...]
El 14 de marzo de 1977, un grupo de tareas secuestró a Lidia Papaleo de Graiver. Ese día también fueron secuestradas Silvia Fanjul y Lidia Gesualdi. Tres días mas tarde fueron secuestrados Juan Graiver -padre de David-, su mujer Eva Gitnacht de Graiver, Isidoro Graiver -hermano menor de Dudi-, y el apoderado de la familia en la sucesión, Jorge Rubinstein.
Los llevaron al centro clandestino de detención conocido como Puesto Vasco. A principios de abril, Rafael Ianover fue citado en las oficinas del diario La Nación para entrevistarse con Campos Carlés, representante de La Nación; Bernardo Sofovich, abogado de la viuda de Noble y hombre de Clarín, y Patricio Peralta Ramos, de La Razón. Este último le exigió que les firmara la cesión de sus acciones. Antes de hacerlo -aterrorizado por la desaparición de los Graiver-, Ianover le pidió seguridades para él y su familia. "No le va a pasar nada, firme", le aseguró Peralta Ramos.
Ianover fue secuestrado el 12 de abril de 1977. También lo llevaron a Puesto Vasco.
El objetivo de los secuestros fue que ni los Graiver ni sus socios cobraran jamás el precio vil que habían debido aceptar por las acciones.
Los operativos de que fueron víctimas recibieron un sugestivo nombre por parte del hombre que los comandó, el coronal Ramón Camps, entonces jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires: "Operación Amigo", los llamó.




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