jueves, 2 de septiembre de 2010

Franciscano sin hábito

Estoy resfriado, de mal humor, la guerra gobierno clarin me tiene un poco las pelotas por el piso... hasta 678 ya me está hinchando un poco!. Dios!! ¿Qué me pasa? Ya me estoy pareciendo a Il Corvino. Y encima, para colmo de males entro a Atrio y veo esto...

Franciscano sin hábito


Hace un tiempo que corrían los rumores como vuelan las golondrinas, tan rápidas y libres, sin otra guía que el certero instinto de la vida (por cierto, ¡cómo se han multiplicado las golondrinas en Arantzazu, y aún siguen criando! Dios os bendice). Pero una vez desatados los rumores, a veces inocentes, a veces intencionados, es más difícil detenerlos que detener el vuelo de las aves.

Pues bien, la noticia ha estallado en todos los sentidos y, en contra de mi intención primera, no puedo menos de confirmarla ya: voy a dejar la Orden Franciscana. De paso, pido disculpas por alguna declaración mía ambigua que algunos pudieron entender como un desmentido. No quería serlo.

Voy a dejar la Orden franciscana. Lo he meditado mirando adentro entre mis luces y sombras, mirando afuera la montaña y el cielo, y las golondrinas. Lo he compartido con las personas que más me quieren y en las que más confío. Lo he hablado con los responsables de mi provincia franciscana que son también mis amigos. Dejaré este Arantzazu del alma, donde he vivido 17 años de los 57 que tengo; dejaré la Provincia franciscana que ha sido mi familia y mi hogar desde los 10 años; dejaré la Orden franciscana que ha dado enteramente forma a mi ser. No diré que la decisión no me produzca dolor y vértigo, pero doy el paso en paz.

Era previsible desde aquel 23 de diciembre en que me impusieron y yo prometí silencio para un año. Y era irreversible desde aquel 17 de junio en que rompí mi voto de silencio porque, previamente, mi obispo había derogado las condiciones que lo justificaban. Tomé la palabra, no porque tenga algún mensaje profético urgente que pregonar, sino simplemente porque ya pasaron los tiempos en que la libertad de palabra pudiera ser impedida en la Iglesia de Jesús con pretextos de dogmas y magisterios. Los dogmas y el magisterio no los puso Jesús. Muy al contrario, enseñó que no se ha de identificar la palabra de Dios con tradiciones humanas (Marcos 7,7-13), y denunció a los maestros de la ley que se apoderan de la cátedra y del magisterio (Mateo 23,2), prohibió tajantemente que nadie se llamara maestro o padre (Mateo 23,8-9), declaró solemnemente que “todo ser humano es señor del sábado” (Marcos 2,28), es decir, señor de toda ley religiosa por sagrada que fuere, y al sordomudo le dijo en arameo: Effeta, “ábrete”, “escucha y habla” (Marcos 7,34). Es más, y la Iglesia debiera reconocerlo ya sin más dilación: aunque Jesús hubiera establecido dogmas y magisterios –que ciertamente no estableció–, éstos no serían de ningún modo inamovibles, pues Jesús no tuvo otra ley ni otro criterio que el Espíritu de Dios, y el Espíritu es como el aire y el agua, y siempre se mueve. Y por si hiciera falta, lo dijo San Pablo: “Donde está el Espíritu de Jesús, hay libertad” (2 Cor 3,17).

Claro que la Iglesia, como todo grupo humano, requiere estructuras y un lenguaje más o menos común, pero las estructuras habrían de ser flexible y móviles, como todo lo vivo, y los dogmas deberían poder ser comprendidos y expresados en palabras siempre nuevas, como todo misterio; y en primer lugar debiera cambiar una Iglesia autoritaria en una Iglesia democrática, como la quiso Jesús. Y la Iglesia, que se ha tomado tantas libertades para contradecir a Jesús, con mucha más razón debiera ser libre para secundar el Espíritu de Jesús. Basta conocer la historia para saber cómo han cambiado las cosas, o basta gustar del Espíritu de Dios para saber cómo han de cambiar. Quien no conoce la historia, que guste al menos del Espíritu; quien no guste del Espíritu, que conozca al menos la historia. ¡Cuán anacrónica y contraria al evangelio es esta idolatría de la doctrina que nos tiene amordazados!

Simplemente por eso dije: “No callaré”. Y eso equivalía a una insumisión, y en la iglesia institucional que tenemos no hay lugar para insumisos, y yo lo sabía. Tampoco hay lugar para insumisos en la Orden franciscana que tenemos, y también esto lo sabía: los responsables franciscanos, aun en contra de su voluntad, y como única forma de evitar un grave conflicto interno, se verían obligados a exigirme sumisión a las órdenes del obispo. No he necesitado, pues, de grandes discernimientos: o acataba o me iba. Pensé que no debía acatar, para ser fiel al seguro Jesús, a mi insegura conciencia, a mi humilde misión, pero no quería ser así motivo de conflicto para los franciscanos, que son mis amigos y hermanos. La opción no era fácil, pero resultaba forzosa y simple.

Dejaré la Orden, y con ello pierdo mucho, pero quién sabe si, al final, el perder no será una ganancia también esta vez. Quiero escoger la vida con todos sus riesgos, incluida la palabra. No sé qué será de mí (¿quién sabe qué será de sí?), pero allí donde vaya Dios vendrá conmigo, y si en el camino me pierdo Él me encontrará. Quiero seguir siendo discípulo de Jesús de Nazaret, el hombre bueno y libre. ¡Oh, cuán lejos me siento de él! Pero él está cerca de mí, de ti. Jesús es el prójimo y todo prójimo es Jesús. Con él, como él, quiero seguir siendo Iglesia sin esas torpes dicotomías de clérigos y laicos, religiosos y seglares, fieles y herejes, creyentes e increyentes.

A mi obispo y hermano José Ignacio Munilla le deseo lo mejor, y pienso que lo mejor pasa por escuchar, respetar, secundar la voz de la inmensa mayoría de su comunidad diocesana, de la que seguiré formando parte activa. La voz de la comunidad es la voz del Espíritu, mucho más que la voz de Madrid o de Roma.

Ah, y quiero seguir siendo franciscano, un simple franciscano sin hábito. ¡Paz y Bien!

José Arregi



Para orar

Esta mañana
enderezo mi espalda,
abro mi rostro,
respiro la aurora,
escojo la vida.

Esta mañana
acojo mis golpes,
acallo mis límites,
disuelvo mis miedo,
escojo la vida.

Esta mañana
miro a los ojos,
abrazo una espalda,
doy una palabra,
escojo la vida.

Esta mañana
remanso la paz,
alimento el futuro,
comparto alegría,
escojo la vida

(Benjamín González Buelta, SJ)


3 comentarios:

  1. Me surgen ganas de llorar, tambien en Argentina los buenos pastores, los teologos mas criticos, los que dialogan...terminan en la cornisa o afuera.
    Todos sabemos que a esta altura, el mayor de los males de la Iglesia, es que lejos de acompañar los gozos y las esperanzas de la humanidad, tal como lo planteaba el CVII en la GS, hace rato que lo unico que hace, es apacentarse a si misma y cuidar su pervivevcia por encima de la de los condenados de la tierra.
    Se me viene un texto de ezequeil, uno de los PROFETAS MAYORES...
    lean conmigo, y recemoslo...

    Ay de ustedes, pastores de Israel, que tan solo se cuidan a si mismos.
    ¿Acaso los pastores no deben cuidar al rebaño?
    Ustedes se beben la leche, se visten con la lana, y matan las ovejas mas gordas, pero no cuidan del rebaño.
    No fortalecen a la oveja debil, no cuidan de la enferma, ni curan a la herida; no van por la descarriada ni buscan a la perdida. Al contrario, tratan al rebaño con crueldad y violencia.
    Por eso las ovejas se han dispersado: por falta de pastor. Por eso estan a la merced de las fieras salvajes.
    Mis ovejas andan descarriadas por montes y colinas, dispersas por toda la tierra, sin que nadie se preocupe por buscarlas.
    Por tanto, pastores, escuchen bien la palabra del Señor:
    Tan cierto como que yo vivo —afirma el Señor omnipotente—, que por falta de pastor mis ovejas han sido objeto del pillaje y han estado a merced de las fieras salvajes.
    Mis pastores no se ocupan de mis ovejas; cuidan de si mismos pero no de mis ovejas.
    Por tanto, pastores, escuchen la palabra del Señor.
    Asi dice el Señor omnipotente:
    Yo estoy en contra de mis pastores.
    Les pedire cuentas de mi rebaño; les quitare la responsabilidad de apacentar a mis ovejas, y no se apacentaran mas a si mismos.
    Arrebatare de sus fauces a mis ovejas, para que no les sirvan de alimento.
    Ezequiel 34:2-10

    Nos queda Jesus hermanos, nos queda Jesus.
    Nos queda todavia, SER DISCIPULOS DE EL. Y en comunidad, tal cual lo soño ese...nuestro DIOS
    Animo

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  2. //encomun-comunidades.blogspot.com/

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  3. TOTALMENTE DE ACUERDO CON YIYO... LAMENTABLEMANTE.LOS QUE ESTAMOS EN LOS BARRIOS, PISANDO EL BARRO, SABEMOS QUE ES ASÍ.
    LA JERARQUÍA Y MUCHOS DE LOS LAICOS SÓLO SE CUIDAN ASÍ MISMO.
    NO SIGUEN EN ABSOLUTO LOS PASOS DE JESÚS. JES´S NO CONDENÓ, NO EXCLUYÓ , NO SE VANAGLORÍO.
    SE HIZO EL MÁS POBRE ENTRE LOS POBRES, ESA HUMILDAD CAUTIVANTE CON LA QUE NOS ENSEÑÓ A VIVIR.
    LA IGLESIA, SE VÁ EN DOGMAS, DOCUMENTOS, PROYECTOS QUE NUNCA SE PONEN EN PRÁCTICA... ES LA COMODIDAD DE NO SERVIR, SINO SER SERVIDA.
    ES MUY DESALENTADOR PERO TAN REAL, QUE LOS CURAS, RELIGIOSAS Y MUCHOS LAICOS QUE TIENEN UNA VERDADERA OPCIÓN POR LOS POBRES SE VAYAN CANSANDO... SUPONGO QUE PRONTO NO HABRÁ CURAS SINO BUENOS ANIMADORES DE COMUNIDADES... Y COMO DICE PAGOLA _ ¿CÚANTOS ESTAREMOS SENTADOS LA MESA CELEBRANDO LA EUCARISTÍA DENTRO DE UNOS AÑOS?
    QUÉ EL REVOLUCIONARIO Y LIBERADOR MENSAJE DEL EVANGELIO NOS SIGA FORTALECIENDO PARA SEGUIR AL LADO DE LOS MÁS NECESITADOS Y ABANDONADOS DE HOY!
    UN ABRAZO LIBERADOR.
    ANA DE MERLO-MORENO.

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