viernes, 27 de agosto de 2010

Silencio por Sangre (segunda parte)

En la primera parte de este post sobre el libro de Daniel Cecchini y Jorge Mancinelli les contaba que ibamos a reproducir el fragmento del testimonio de Jacobo Timerman, padre del actual canciller, para intentar aproximarnos al menos un poco a la experiencia de haber sido secuestrado por la dictadura genocida. El secuestro y la tortura fue fundamental para apropiarse de Papel Prensa. Toda la familia Graiver fue secuestrada, y Timerman también ya que era director del diario La Opinión, propiedad de Graiver.



El relato de Timerman


Jacobo Timerman fue detenido en abril de 1977 y careado en Puesto Vasco con Lidia Papaleo e Isidoro Graiver. Los interrogadores querían saber los vínculos financieros entre el director del La Opinión y los propietarios de Papel Prensa. En su libro"El caso Camps, punto inicial. Preso sin nombre, celda sin número" , Timerman contó las condiciones de detención que sufrió en Puerto Vasco. Su relato es estremecedor:


"En los largos meses de encierro pensé muchas veces en cómo podría transmitir el dolor que siente el hombre torturado.
"Y siempre concluía que era imposible. Es un dolor que no tiene puntos de referencia, ni símbolos reveladores, ni claves que puedan servir de indicadores. El ser humano es llevado tan rápidamente de un mundo a otro, que no tiene forma de encontrar alún resto de energía para afrontar esa violencia desatada.
"Ésa es la primera parte de la tortura: caer sorpresivamente sobre el ser humano sin permitirle crear algún reflejo, aunque sólo fuera psicológico, de defensa. Nadie dice una palabra. Los golpes llueven sobre el ser humano. Es colocado en el suelo y cuenta hasta diez, pero no se lo mata. El ser humano es luego rápidamente llevado hasta lo que puede ser una cama de lona, o una mesa, con las manos y piernas abiertas. Y comienza la aplicación de descargas eléctricas. La cantidad de electricidad que transmiten los electrodos -o como se llamen- se gradúa para que sólo duela, queme o destruya. Es imposible gritar, hay que aullar. Cuando comienza el largo aullido del ser humano, alguien de manos suaves controla el corazón, alguien hunde la mano en la boca y tira la lengua para afuera para evitar que el ser humano se ahogue... Breve paréntesis. Y todo recomienza. Ahora con palabras de esperanza... El ser humano pasa días encerrado en una celda sin ventanas, sin luz, sentado o acostado. También pasa días atado al pie de una escalera para que no pueda estar parado; sólo arrodillado, sentado o estirado. El ser humano -yo en este caso- pasa un mes sin poder lavarse, es trasladado en el piso de un automóvil a diferentes lugares para el interrogarotio, se alimenta mal, apesta. Al ser humano lo dejan encerrado en una pequeña celda 48 horas, los ojos vendados, las manos atadas a la espalda, para que no escuche ninguna voz, no vea ningún indicio de vida, tenga que hacer sus necesidades sobre su cuerpo."


Timerman, Jacobo. El caso Camps. Punto Inicial.




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